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La UE quiere acabar con la obsolescencia programada

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La UE busca acabar con los efectos nocivos de esta práctica.

Niño entre restos de componentes electrónicos

Niño entre restos de componentes electrónicos

Desde que la tecnología se ha impuesto en nuestras vidas, la obsolescencia programada se ha colado en el día a día como algo natural. Atrás quedan los tiempos en los que las lavadoras, frigoríficos o cualquier otro electrodoméstico duraba siglos y se podía reparar antes de tirarlo a la basura.

Con la llegada de dispositivos electrónicos, ordenadores, smartphones, tabletas... esta obsolescencia programada, es decir, el tiempo que el fabricante quiere que dure el producto, cada vez es más corta. Ahora, el comprar, usar, tirar y cambiar por otro modelo nuevo en tiempo récord es la máxima de estos fabricantes, sobre todo la de los de dispositivos tecnológicos. Esto no solo es malo para el bolsillo del usuario sino que es desastroso para el planeta por la cantidad de residuos que se generan, incluyendo productos químicos y metales tóxicos.

Por ello, el Parlamento Europeo va a tomar cartas en el asunto con unas propuestas que garanticen a los usuarios productos duraderos y de calidad, unas medidas que también incluirán a los programas informáticos. Pero, por encima de todo, estas resoluciones de la Comisión Europea buscan reducir los 50 millones de toneladas de residuos que, según la ONU, generan estos aparatos cada año.

Esta práctica no solo es mala para el bolsillo del usuario sino que es desastrosa para el planeta por la cantidad de residuos que se generan

Entre las medidas que se plantean desde la UE para acabar con este derroche de tecnología se encuentran las de acordar unos criterios de resistencia mínima de los aparatos, para ello se incluirían incentivos fiscales para las empresas que fabriquen productos duraderos, reparables y que se puedan vender de segunda mano. La Comisión Europea dice que, además, estas medidas fomentarán el empleo.

Por supuesto, estas directrices que está estudiando la UE no solo van enfocadas a los dispositivos electrónico sino también a aquellos fabricantes de electrodomésticos que producen sus productos para que terminen su vida útil poco después de acabar la garantía. Esta práctica, cada vez más extendida, ofrece gamas low cost con procesos de producción cada vez más breves, exentos de calidad y de mano de obra cualificada.  

Fin del monopolio de las reparaciones

Asimismo, desde la CE se aboga por acabar con el monopolio de las reparaciones. Es decir, que se pretende fomentar los reparadores independientes que nada tengan que ver con el fabricante del producto. Y que las piezas de recambio se ofrezcan a precios asequibles. Estas dos medidas, sostienen, animarán al usuario a reparar antes de tirar.  

Otro tema en el punto de mira de la Comisión Europea tiene que ver con las baterías, que deberían poder sustituirse por otras nuevas cuando se hayan agotado las originales sin obligar al propietario del dispositivo a comprar otro nuevo. 

Para conseguir todo esto, el Parlamento Europeo ha propuesto que los productos tengan una etiqueta en la que se indique el periodo de vida útil, la capacidad de adaptación a los nuevos avances y las opciones de reparación, además de ofrecer una mayor garantía.

Consumo irresponsable y salud medioambiental

Esta moda de usar y tirar ha llevado a Greenpeace a publicar un estudio en el que se comparan las posibilidades de reparación de diferentes dispositivos de distintas marcas. Según la ONG, solo Dell, HP y Fairphone aseguran dicha reparación, mientras que Apple y Samsung son las marcas que ofrecen productos menos reparables. Para la ONG, la obsolescencia programada es una irresponsabilidad que no solo fomenta el consumo irresponsable sino que compromete gravemente la salud medioambiental del planeta.

China duplicó entre 2010 y 2015 el volumen de residuos generados hasta 6,7 millones de toneladas

Pero, al mismo tiempo, la obsolescencia programada acarrea otros problemas. Por un lado, la explotación constante de recursos naturales para fabricar los nuevos productos. Este es el caso del coltán, por ejemplo, un mineral que se utiliza para fabricar componente electrónicos y cuya forma de extracción en diversos estados africanos es censurable.

Por otro, también es reprochable la utilización que, por parte de los países occidentales, se está haciendo de algunas regiones menos desarrolladas de África como basurero mundial de este tipo de aparatos, en muchas ocasiones bajo la falsa venta de material reciclable que luego no lo es. O, también, como sucede en China, que ante la imposibilidad de reciclar tal volumen de productos electrónicos desechados en el propio país, se está convirtiendo en un gran vertedero. El gigante asiático duplicó entre 2010 y 2015 el volumen de residuos generados hasta 6,7 millones de toneladas, según un informe de la ONU. Este mismo informe, concluye que otros países de ese entorno contribuyeron en ese mismo periodo a aumentar hasta un 63% este tipo de residuos


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